Capítulo 2: — La Union
de Hyrule—
A pesar
de que la mayoría de los habitantes de Hyrule respetaba
la Trifuerza, existían aquellos lo suficientemente
audaces para tramar el robo de la reliquia y usar su poder
para sus egoístas fines. Para proteger la Trifuerza
de caer en manos equivocadas, un gran Sabio llamado Rauru
planeó y construyó el "Templo de la Luz"
para guardar la entrada al “Reino Sagrado”.
Dentro del templo, el camino hacia el Reino sagrado se hallaba
bloqueado por un complejo sello mágico, que sólo
podría ser abierto por alguien merecedor de audiencia
con la Trifuerza; alguien que tuviera todos los aspectos
de la Trifuerza en perfecto balance.
Con el paso
del tiempo, la Trifuerza se convirtió en una leyenda,
y las diferentes personas de Hyrule se olvidaron de las
leyes y sabiduría que las diosas habían dejado.
Guerra y conflictos se volvieron comunes en Hyrule, siempre
tratando de conseguir un poco mas de poder, en realidad
nadie recuerda quien o cuando comenzó el conflicto
pero pronto la armada de los Zora marchaba sobre los Hylian;
los Goron contra los Gerudo. Parecía que cada raza
de Hyrule estaba en conflicto perpetuo con las demás.
Sólo los apartados Kokiri, refugiados por su bosque
encantado y el Gran Árbol Deku, estaban separados
de la destrucción de la guerra civil de Hyrule.
Las Gerudo
estaban seguras de su victoria ya que en su raza había
nacido un niño que sus leyendas predecian se convertiría
en su líder y los llevaría hasta la victoria.
Sin embargo, justo se habían cumplido 50 años
de combate sin descanso, cuando de la nada surgió
un guerrero Hylian de gran sabiduría, coraje y poder.
A través de sus brillantes campañas militares
y sabia diplomacia, fue capaz de atraer a las variadas razas
de Hyrule a una profunda armonía. Tratados de paz
fueron firmados, y la prosperidad pareció brotar
nuevamente en Hyrule y ese joven Guerrero fue proclamado
Rey de Hyrule. Sin embargo, los rencores no son fáciles
de que desaparezcan,cada raza vivió de forma separada
y en especial ese niño Gerudo fue criado para iniciar
una nueva guerra aunque sus compatriotas no la quisieran.